viernes, 18 de enero de 2013

El Amor de Ryou: Proemio de Domingo [Cap.3]


El Sol que se filtraba por el cristal de la ventana no demoró en escabullirse también por los párpados de Sunohara, quien despertó con un sabor agrio en su boca. Su estado somnoliento hizo que se tardara unos segundos en notarlo, pero cuando se dio cuenta de que tenía entre sus labios el pie y el calcetín de Tomoya, se levantó violentamente, y se fue contra la pared para alejarse.
—¡Okazaki, despierta! ¡No duermas con tus pies en mi cama!
—No estoy durmiendo —respondió su amigo, que leía plácidamente un manga, recostado sobre su futón.
—¡¿Qué?! ¡¿Lo hiciste al propósito?! Voy a tener que replantearme la decisión de dejar que te quedes aquí —le dijo.
La relación que unía a Tomoya con su padre estaba muy lejos de ser buena, e incluso se sumergía con total acierto en la descripción de una pésima relación, y por esa razón él había decidido abandonar su casa.
—¿Qué vas a hacer hoy? —cambió de tema drásticamente.
—Estaba pensando en dormir un poco más —respondió y se acostó nuevamente, dejando de lado su disgusto—, y luego jugar algunos videojuegos.
«Tal vez no me guste el Instituto, pero los domingos, los días en los que no tengo que asistir, me recuerdan aún más crudamente lo aburrida, monótona y triste que es mi vida… ¿Hacia dónde estoy yendo? Supongo que los tipos como yo terminamos acostumbrándonos a esto», pensaba Tomoya, sin dejar de leer las viñetas de la revista.
Para la sorpresa de ambos, repentinamente, alguien llamó a la puerta del dormitorio, y los dos giraron su cabeza hacia ella.
—Debe ser la señora Misae, ábrele —dijo Youhei, y se cubrió la cabeza con la almohada.
—Es tu dormitorio.
Y antes de que la discusión pudiera desarrollarse en manos de la galbana, la puerta volvió a sonar. Aunque con desgano, Sunohara se levantó, y la abrió (no sin antes darle una pequeña patada a la revista que Okazaki estaba leyendo).
—F…Fujibayashi —tartamudeó sorprendido Sunohara, y Tomoya bajó los pies de la cama para sentarse y mirar.
—Buenos días —saludó Kyou, y luego su hermana Ryou, que se mantenía cabizbaja.
—¿Qué es lo que haces aquí? —preguntó el dueño del dormitorio, con una leve sensación de miedo.
—He venido por dos cosas: para recuperar mi libro de biología y para preguntarte dónde estaba Okazaki, pero veo que está aquí.
—Ah, eso —dijo Youhei, y su expresión cambió rotundamente, para empezar a mostrar una melodramática altanería mientras masajeaba su barbilla—… Si quieres recuperarlo tendrás que pedirme disculpas por golpearme, y además tendrás que pagarme el almuerzo tres veces a la semana, y además…
—Aquí tienes —dijo Tomoya entregándole el libro a Kyou, bajo el portal de la entrada.
—Gracias —respondió ella y lo guardó en su bolso.
—¡¿Por qué me traicionas así?! ¡Y en frente de mis ojos! —se lamentó Sunohara, pero, una vez más, fue ignorado.
—¿Para qué me buscas?
—Vamos a salir de compras con mi hermana para pasar el día libre, ¿quieres venir? —hizo una nueva invitación Kyou.
—Jeje… No tienes dinero, Okazaki —se burló Sunohara, a modo de diminuta venganza.
—No te preocupes por eso —Kyou.
—¿Eh? ¿Desde cuándo eres tan amable y generosa? —se sintió confundido Youhei.
—Siempre lo he sido.
Tomoya miró en silencio a Ryou, y no pasaron muchas cosas por su mente, simplemente decidió aprovechar la oportunidad para huir de aquellas cuatro paredes, y ver si podía encontrar algún entretenimiento además de los videojuegos, los mangas, y molestar a Sunohara.
—Está bien, iré. Sólo esperen a que me vista.
Ryou sonrió.
—¡Bien!
—¿Puedo ir yo también? —preguntó Youhei señalándose a sí mismo con su dedo, con el entusiasmo de un niño pequeño.
«Será sólo una molestia para el plan, pero pobre… Realmente no debe tener nada que hacer, y si se queda todo el día en este pestilente dormitorio, seguramente morirá intoxicado», pensó Kyou, sintiendo lástima por el muchacho, y sin mucha seguridad respondió:
—Si es lo que quieres…
De esa manera, los cuatro partieron al centro comercial de la pequeña ciudad. Pero no estuvieron mucho tiempo juntos, ya que mientras transitaban la peatonal, Kyou divisó en una vidriera algunos vestidos, y sintió que era el momento justo para actuar.
—¡Oh, mira Sunohara! ¡Qué lindos vestidos! —le dijo con todo el entusiasmo que pudo fingir (y fue bastante).
—¿Y a mí qué?
—¡Vayamos a ver! —agregó luego, y cazándolo del brazo se lo llevó.
«Ahora todo está en tus manos hermanita… Vamos, no hagas que todo esto sea una pérdida de tiempo…  Aún menos esto de tomar tan vergonzosamente el brazo de Sunohara… ¡Suerte!», pensó mientras dejaba sola a Ryou con Tomoya.
—¿Vamos con ellos, o seguimos caminando? —le preguntó el chico.
—N…No, sigamos nosotros.
—De acuerdo —, y retomaron la marcha.
—Oye, Okazaki, sobre el otro día…
—Estuve pensando mucho en eso. Creo que estaría bien intentarlo… Si quieres…
—¿En…En serio? —preguntó con un repentino brillo en sus ojos, y una inocente sonrisa coloreada. La muchacha se sorprendió en gran medida, pero aún así recibió las palabras como si las hubiese estado esperando de una manera literal.
—Sí.
—Yo… No sé qué decir… Gracias, Okazaki.
—T…Tonta, no tienes que decirme gracias —le aclaró, sintiéndose un poco avergonzado.
—Es que realmente estoy feliz… Es como si de repente me hubieras quitado una enorme y pesada mochila de la espalda, llena de preocupaciones y miedos. Estoy muy nerviosa, yo jamás…
—No tienes por qué preocuparte, yo también soy nuevo en esto… No te sientas presionada…
—De acuerdo…
Ryou no podía dejar de sonreír, y la temperatura de sus pómulos aumentaba a cada instante. Era realmente feliz, y por eso podía hablar con un poco más de tranquilidad y naturalidad.
Juntos fueron en busca de algunos llaveros y colgantes. Compraron unos con formas de flores, de plumas, y otro que tenía un extraño animalito muy similar a Botan, pero de color amarillo. Luego gastaron bastante dinero en una gran máquina doll vending, pero ninguno de los dos logró sacar nada. Todo fue tan repentino, que de cierta manera parecía inverosímil.
—Te dije que las máquinas estas eran un fraude —le recordó Okazaki rascándose la cabeza luego de fallar su último intento.
—Mira, una de esas máquinas que predice el futuro —dijo de repente Fujibayashi, señalando una gran carcasa roja, con planetas, constelaciones y extraños símbolos pintados.
—¿Crees en esas cosas?
—Me parece divertido ver los resultados, y luego compararlos con la realidad —respondió algo avergonzada, y Tomoya suspiró.
—Bien, vayamos a ver.
Primero fue Ryou quien se sentó. La máquina pedía que ingresara su nombre y su fecha de nacimiento, así que lo hizo, y luego presionó el botón que decía “Know your future”. Entonces, esperó a que los resultados aparecieran en la pantalla, y no demoraron en hacerlo.
Casi sin darse cuenta, Tomoya y Ryou estaban teniendo su primera cita. No había dudas, esa salida dominical se había convertido en una cita.
—Dice que voy a ser enfermera y que voy a tener dos hijos varones.
—¿Sólo eso? —preguntó él inclinándose hacia delante, para ver la pantalla más de cerca.
—Sí, sólo eso. Ahora inténtalo tú.
—No, yo paso.
—Vamos… Es divertido…
Con un nuevo suspiro de resignación, Tomoya aceptó, convencido por el tierno, aniñado y cándido rostro de Ryou. Tomó asiento, introdujo sus datos, y cuando aparecieron los resultados, ni siquiera terminó de leerlos, y se levantó diciendo:
—Esto es una tontería.
—¿Qué te salió? —preguntó Ryou, y se fijó ella misma: sería basquetbolista y tendría una hija—. ¿Por qué no te gustó? Es una buena profesión, serás famoso.
—Es ridículo…
Pese a aquella mala broma del destino, Tomoya la pasó bien aquella mañana, y en ningún momento tuvo la idea de volver a buscar a Kyou o a Youhei. Era bueno estar con alguien distinto, y hacer cosas nuevas, por más mundanas y comunes que fueran.
—Ya es hora de almorzar, debería irme a casa —dijo Ryou.
—¿Hacia dónde vives?
—Hacia allá —le respondió, señalando la dirección opuesta a la del dormitorio de Sunohara—. En verdad me divertí.
—Sí, fue divertido —respondió Tomoya sonriendo.
Antes de la despedida, un pequeño y tierno silencio de varios segundos los mantuvo juntos unos momentos más –instantes incluso tan valiosos como horas– bajo el cielo helado y el suave Sol del invierno.
—Bueno, nos vemos —dijo Ryou con una gran sonrisa y levantando su mano izquierda. Él había pensado en acompañarla a casa, pero sintió que no era lo correcto, aunque no estaba seguro de por qué, simplemente la sentía como una acción fuera de lugar.
Cuando Fujibayashi se alejaba, Tomoya la detuvo.
—Fujibayashi —dijo, y ella se volteó velozmente, como si su vida dependiera de eso—, gracias por todo lo de hoy. Fue muy divertido…
Ella volvió a sonreír. Se sentía más feliz que nunca, porque podía notar que Tomoya realmente se había divertido, y porque esas horas juntos fueron en verdad valiosas, de esas que cualquier persona desearía poder guardar en lo profundo de su corazón, y revivirlas una y otra vez cuando se sintiese sola o triste. Además, había logrado vencer la inseguridad que la acosaba al hablar con Okazaki… Podía sentirlo, este era el primer fulgor de un camino sumamente brillante…


viernes, 11 de enero de 2013

El Amor de Ryou: Verdad [Cap.2]



Al día siguiente, Tomoya transitaba pacientemente la empinada colina, sin apresurarse ni siquiera después de haber oído el sonido de la campana de entrada a lo lejos.
«Cielos… es como si cada mañana el Instituto se alejara unos metros más», pensó, sintiéndose cansado de la rutina.
Llegó al salón de clases, y dejó caer su maletín en su pupitre, para luego dejarse caer a él mismo en la silla. Apoyó su codo en el banco y su mentón en su mano, y como siempre, miró por la ventana sin prestar atención a las palabras del profesor.
La campana para el primer receso llegó, pero él no se movió de su lugar.
—B…Buenos días, Okazaki —lo saludó modestamente Ryou Fujibayashi.
—Fujibayashi… —dijo él al voltear, e irguió su cabeza.
—Otra vez llegaste tarde hoy —le dijo ella mirando hacia abajo, uniendo sus manos en la falda.
«¿Otra vez con eso?», pensó Tomoya.
—No deberías hacerlo, luego los profesores me regañan a mí, porque soy la delegada y dicen que tengo que mantener el orden en la clase.
La muchacha hablaba con reiteradas pausas, podía notarse que estaba nerviosa.
«Tal vez sea cierto lo que dijo su hermana», pensó él.
—Claro, no volverá a suceder —respondió sin mucho interés, y se puso de pie.
—O…Okazaki, espera —le dijo ella cuando él ya habíale dado la espalda—. ¿Mi hermana habló contigo ayer?
—Sí.
Al escuchar la respuesta, todo el rostro de Ryou se ruborizó.
—¿Dijo algo… extraño?
—Sí, lo hizo. Dijo algo muy extraño.
—¿Q…Qué te dijo?
—Dijo que yo te gustaba.
Ryou aspiró asombrada, y su rostro se coloreó un poco más que antes. Aún no estaba preparada para palabras tan directas, pero si en verdad quería una oportunidad con Tomoya, debía esforzarse, y esforzarse mucho.
Tragó saliva mientras él la observaba atentamente, y dijo:
—E…Es verd… verdad…
Okazaki se sorprendió, no esperaba aquella reacción, y no sabía qué debía decir. Nunca había mirado a Ryou de esa forma, y aunque no parecía una mala chica, no le agradaba que fuera tan vergonzosa, ni que hablara tan bajo y con tanta inseguridad. Además, después de todo, ella no le había preguntado si él sentía lo mismo.
—Gracias —fue la mejor respuesta que encontró, y se marchó del lugar. Fue a pasar su descanso al patio central, sentado en el cantero, a la sombra del árbol.
—¿Qué haces, eh? —apareció sonriente Sunohara, con un envase de jugo en la mano.
—Qué buen compañero eres, no tenías por qué traerme un jugo —dijo Tomoya intentando adueñarse del desayuno de su amigo, que sólo rió y se sentó también en el cantero.
—Puedes tomar si quieres, pero sólo un poco —le invitó Youhei, y Tomoya aceptó el pequeño envase, y bebió un gran sorbo.
—Gracias —le respondió, y se lo devolvió.
—No hay de… ¡Oye, te lo terminaste! —se quejó al recibirlo— ¡Era mi desayuno!
—Es un castigo por llegar tan tarde, te has saltado una clase completa.
—¡No aceptaré que TÚ me digas eso!
—¡OKAZAKIIII! —surgió una tercera voz, y los reflejos de Tomoya fueron lo suficientemente veloces para mirar al costado y tener tiempo de agacharse y esquivar un libro de biología volador, que terminó estrellándose contra el pómulo de Sunohara —¡¿Qué le has hecho a mi hermana?!
—No le hice nada.
—¡¿Por qué me golpeas a mí?! —protestó furioso Youhei.
—¡Tú no te metas! —le gritó al herido, y continuó con Okazaki— ¿Qué es eso de “gracias”, eh?
—Ah, te refieres a eso.
—¡Por supuesto! ¡¿Por qué me dijiste ayer que querías que ella te lo dijera si planeabas responder eso?!
—De este librazo sí que me vengaré, Fujibayashi —advirtió Sunohara, pero fue totalmente ignorado.
—Yo no dije que quería que me lo dijera, sino que era lo correcto en lugar de andar con una mensajera. Además, no planeaba responder eso, fue lo que se me ocurrió en el momento. Ni siquiera esperaba que me lo dijera.
—¡¿Lo que se te ocurrió en el momento?! Pero entonces… ¿ella te gusta o no?
—¿De quién están hablando? —volvió a intervenir Youhei, con los mismos nulos resultados —¿De Fujibayashi?
—No lo sé, fue todo demasiado repentino. De última, ¿por qué tienes que venir a reprimirme por eso?
Kyou se había calmado de repente, y miró en silencio a Tomoya. Soltó un suspiro de resignación, y se dio la vuelta para marcharse meciendo su mano y diciendo:
—Ya está, nos vemos…
—¿Escuché bien? ¿La delegada de la case está interesada en ti? —le preguntó su amigo a Tomoya, quien no se sentía muy cómodo hablando del tema con él, más allá de su amistad— Vaya… Quien lo diría, la delegada de la clase interesada en alguien como nosotros.
—A mí no me metas en tu misma bolsa.
—Vamos, ambos somos flojos e irresponsables. En este instituto, hasta nos ven como delincuentes —le comentó Youhei casi alardeando, apoyando su mano sobre su hombro. —Supongo que no desaprovecharás la oportunidad.
—¿A qué te refieres?
—¿No te das cuenta? Si sales con ella, podrás llegar tarde y saltarte las clases todas las veces que quieras, y ella seguro inventará una buena escusa. Podría inventarlas para mí también.
—Eso es una tontería, pero si lo quieres entonces sal tú con ella.
—Sabes que lo haría, Okazaki, pero soy tu amigo, no puedo quitarte a tu posible novia —dejó bien en claro sus ideales Sunohara, mientras se acomodaba su rubio flequillo con el pulgar.
—Vaya, se salvó de que la secuestraran…
—¿Qué quieres decir?
—Nada, olvídalo.
—Bueno, como sea, ¿sabes qué es lo mejor de todo esto? Mira —dijo Youhei, y con una sonrisa bañada en victoria levantó el libro que Kyou le había lanzado, en realidad, a Tomoya—. Cuando la cretina de Fujibayashi quiera estudiar, no podrá hacerlo. Jamás le devolveré este libro… —y terminó su discurso regocijándose en medio de algunas carcajadas que pretendían estar llenas de hombría.


Como fuera, sin que Tomoya lo hubiera anticipado, Ryou Fujibayashi se instaló en su mente, y se volvió su pensamiento más frecuente durante los siguientes días, tan aburridos y rutinarios como lo habían sido toda su vida.
«Tal vez debería intentarlo… Aunque sea para romper con la aburrida monotonía», pensaba…

viernes, 4 de enero de 2013

El Amor de Ryou: Mensajera [Cap.1]



El joven estudiante se encontraba tendido sobre la gramilla, en el patio de su instituto, con los dedos entrelazados detrás de su cabeza, a modo de cojín, y sus ojos cerrados.  Muy cerca, un árbol producía una templada sombra, pero él se encontraba bajo el Sol; era invierno y necesitaba algo de calidez.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó una voz femenina, y él apenas abrió su ojo izquierdo para identificar a la propietaria: Kyou Fujibayashi, quien se encontraba con las manos en la cintura.
—Estoy descansando —respondió Tomoya, volviendo a cerrar su ojo para relajarse.
—No deberías descansar así, por eso tienes tan mala fama.
—Supongo que no debería molestarme, si la merezco.
—Anda, levántate, vamos a almorzar.
Esta vez, Tomoya abrió ambos ojos, y giró su cabeza hacia la muchacha.
—¿La chica que siempre me arroja libros está invitándome a almorzar?
—Tómalo más bien como una orden.
El chico la miró en silencio unos segundos, y luego regresó a su posición de reposo.
—No importa, no traje dinero.
—No te preocupes, yo invito.
—¿Acaso no era una orden?
—¡Ah, Okazaki! ¡Ya levántate y vamos! —le gritó cerrando sus puños, y luego lo forzó a levantarse, tomando su brazo.
Con pasos rápidos y bruscos, Kyou llevó hasta el comedor a Tomoya, donde compró almuerzos para ambos. Mientras ella ya comenzaba a masticar lentamente, él se mantenía en silencio, observando su gohan con umeboshi.
—Aquí nunca tienen otra cosa, por eso nunca traigo dinero, no vale la pena —se quejaba Tomoya, que aún ni siquiera tomaba sus palillos.

«Y porque todos hacen demasiado ruido, como si vinieran a hablar en lugar de a comer… No creo que sean dos cosas que se puedan hacer a la vez, pero supongo que algunos se las arreglan para poder hacerlo», pensó, y finalmente comenzó a almorzar.
—Aquí hay mucha gente, ¿no te avergüenza que te vean almorzar con alguien como yo?
—Probablemente seas el alumno más problemático del Instituto…
—Gracias por el cumplido.
—Pero no te he invitado porque quiera estar contigo o algo así, sino porque necesito hablarte de algo, así que no, no me importa. ¿De qué te sonríes?
—Has vuelto a decir que era una invitación.
—Oh, sí, ya basta con eso… Sí era una invitación, ¿de acuerdo? Ya basta.
Tomoya se puso de pie y dio un medio giro, como para empezar a irse.
—¿Qué haces?
—Si es una invitación, la rechazo. Vine porque pensé que era una orden.
—De acuerdo… sí era una orden —y Tomoya volvió a sentarse—… Tus bromas no son graciosas, ¿alguien te lo dice de vez en cuando?
Él sólo sonrió por ese comentario, y continuó comiendo en silencio.
—Qué extraño que alguien como tú no traiga un o-bento, y venga a comer aquí.
—Ah, sí, es que me quedé dormida, y no pude prepararlo… —respondió algo inquieta, ocultando la verdad: había tenido una mala maniobra en su scooter al ir al instituto por la mañana, y su o-bento había sido, por suerte y por desgracia a la vez, la única víctima. —Pero ya listo, vayamos a lo que quiero hablarte —dijo, retomando un poco de seriedad—. ¿Conoces a mi hermana, verdad? ¿Ryou?
—¿La delegada de la clase en la que estoy?
—Sí, exacto —respondió sonriente.
—Sí, siempre está regañándome porque llego tarde o porque me salto las clases, pero realmente no es buena haciéndolo, es demasiado amable.
«Bien… Debería hacer esto directamente», pensó Kyou.
—Bueno, tal vez ya te has dado cuenta por la forma en que actúa contigo, pero a ella le gustas —dijo mirando su almuerzo, a medio consumir.
Tomoya la observó en silencio, y tomó tres sorbos de agua antes de ponerse de pie, con una expresión seria en su rostro.
—No deberías hacer estas cosas. Si ella siente algo por mí, no voy a creerlo hasta que sea ella misma quien me lo diga.
—Es que ella… bueno, a veces es un poco tonta, sobretodo en estos asuntos.
—Gracias por comida —dijo aunque aún quedaba más de la mitad en su plato, y tras colocar sus manos en los bolsillos, se alejó tranquilamente.
—¡Okazaki, espera! —intentó detenerlo desde su asiento, pero fracasó, y se quedó suspirando y hablando sola —Supongo que tendrás que ser valiente y ya, hermanita…