El joven estudiante se encontraba tendido
sobre la gramilla, en el patio de su instituto, con los dedos entrelazados
detrás de su cabeza, a modo de cojín, y sus ojos cerrados. Muy cerca, un árbol producía una templada
sombra, pero él se encontraba bajo el Sol; era invierno y necesitaba algo de
calidez.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó una voz
femenina, y él apenas abrió su ojo izquierdo para identificar a la propietaria:
Kyou Fujibayashi, quien se encontraba con las manos en la cintura.
—Estoy descansando —respondió Tomoya,
volviendo a cerrar su ojo para relajarse.
—No deberías descansar así, por eso tienes
tan mala fama.
—Supongo que no debería molestarme, si la merezco.
—Anda, levántate, vamos a almorzar.
Esta vez, Tomoya abrió ambos ojos, y giró
su cabeza hacia la muchacha.
—¿La chica que siempre me arroja libros
está invitándome a almorzar?
—Tómalo más bien como una orden.
El chico la miró en silencio unos segundos,
y luego regresó a su posición de reposo.
—No importa, no traje dinero.
—No te preocupes, yo invito.
—¿Acaso no era una orden?
—¡Ah, Okazaki! ¡Ya levántate y vamos! —le
gritó cerrando sus puños, y luego lo forzó a levantarse, tomando su brazo.
Con pasos rápidos y bruscos, Kyou llevó
hasta el comedor a Tomoya, donde compró almuerzos para ambos. Mientras ella ya
comenzaba a masticar lentamente, él se mantenía en silencio, observando su
gohan con umeboshi.
—Aquí nunca tienen otra cosa, por eso nunca
traigo dinero, no vale la pena —se quejaba Tomoya, que aún ni siquiera tomaba
sus palillos.
«Y porque todos hacen demasiado ruido, como
si vinieran a hablar en lugar de a comer… No creo que sean dos cosas que se
puedan hacer a la vez, pero supongo que algunos se las arreglan para poder
hacerlo», pensó, y finalmente comenzó a almorzar.
—Aquí hay mucha gente, ¿no te avergüenza
que te vean almorzar con alguien como yo?
—Probablemente seas el alumno más problemático del Instituto…
—Gracias por el cumplido.
—Pero no te he invitado porque quiera estar
contigo o algo así, sino porque necesito hablarte de algo, así que no, no me
importa. ¿De qué te sonríes?
—Has vuelto a decir que era una invitación.
—Oh,
sí, ya basta con eso… Sí era una invitación, ¿de acuerdo? Ya basta.
Tomoya se puso de pie y dio un medio giro,
como para empezar a irse.
—¿Qué haces?
—Si es una invitación, la rechazo. Vine
porque pensé que era una orden.
—De acuerdo… sí era una orden —y Tomoya
volvió a sentarse—… Tus bromas no son graciosas, ¿alguien te lo dice de vez en
cuando?
Él sólo sonrió por ese comentario, y
continuó comiendo en silencio.
—Qué extraño que alguien como tú no traiga
un o-bento, y venga a comer aquí.
—Ah,
sí, es que me quedé dormida, y no pude prepararlo… —respondió algo inquieta,
ocultando la verdad: había tenido una mala maniobra en su scooter al ir al
instituto por la mañana, y su o-bento había sido, por suerte y por desgracia a
la vez, la única víctima. —Pero ya listo, vayamos a lo que quiero hablarte
—dijo, retomando un poco de seriedad—. ¿Conoces a mi hermana, verdad? ¿Ryou?
—¿La delegada de la clase en la que estoy?
—Sí, exacto —respondió sonriente.
—Sí, siempre está regañándome porque llego tarde o
porque me salto las clases, pero realmente no es buena haciéndolo, es demasiado
amable.
«Bien… Debería hacer esto directamente»,
pensó Kyou.
—Bueno, tal vez ya te has dado cuenta por
la forma en que actúa contigo, pero a ella le gustas —dijo mirando su almuerzo,
a medio consumir.
Tomoya la observó en silencio, y tomó tres
sorbos de agua antes de ponerse de pie, con una expresión seria en su rostro.
—No deberías hacer estas cosas. Si ella
siente algo por mí, no voy a creerlo hasta que sea ella misma quien me lo diga.
—Es que ella… bueno, a veces es un poco
tonta, sobretodo en estos asuntos.
—Gracias por comida —dijo aunque aún
quedaba más de la mitad en su plato, y tras colocar sus manos en los bolsillos,
se alejó tranquilamente.
—¡Okazaki, espera! —intentó detenerlo desde
su asiento, pero fracasó, y se quedó suspirando y hablando sola —Supongo que
tendrás que ser valiente y ya, hermanita…





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