Al día siguiente, Tomoya transitaba pacientemente la
empinada colina, sin apresurarse ni siquiera después de haber oído el sonido de
la campana de entrada a lo lejos.
«Cielos… es como si cada mañana el Instituto
se alejara unos metros más», pensó, sintiéndose cansado de la rutina.
Llegó al salón de clases, y dejó caer su
maletín en su pupitre, para luego dejarse caer a él mismo en la silla. Apoyó su
codo en el banco y su mentón en su mano, y como siempre, miró por la ventana
sin prestar atención a las palabras del profesor.
La campana para el primer receso llegó,
pero él no se movió de su lugar.
—B…Buenos
días, Okazaki —lo saludó modestamente Ryou Fujibayashi.
—Fujibayashi… —dijo él al voltear, e irguió
su cabeza.
—Otra vez llegaste tarde hoy —le dijo ella
mirando hacia abajo, uniendo sus manos en la falda.
«¿Otra vez con eso?», pensó Tomoya.
—No deberías hacerlo, luego los profesores
me regañan a mí, porque soy la delegada y dicen que tengo que mantener el orden
en la clase.
La muchacha hablaba con reiteradas pausas,
podía notarse que estaba nerviosa.
«Tal vez sea cierto lo que dijo su
hermana», pensó él.
—Claro, no volverá a suceder —respondió sin
mucho interés, y se puso de pie.
—O…Okazaki,
espera —le dijo ella cuando él ya habíale dado la espalda—. ¿Mi hermana habló
contigo ayer?
—Sí.
Al escuchar la respuesta, todo el rostro de
Ryou se ruborizó.
—¿Dijo algo… extraño?
—Sí, lo hizo. Dijo algo muy extraño.
—¿Q…Qué
te dijo?
—Dijo que yo te gustaba.
Ryou aspiró asombrada, y su rostro se coloreó un poco
más que antes. Aún no estaba preparada para palabras tan directas, pero si en
verdad quería una oportunidad con Tomoya, debía esforzarse, y esforzarse mucho.
Tragó saliva mientras él la observaba
atentamente, y dijo:
—E…Es
verd… verdad…
Okazaki se sorprendió, no esperaba aquella
reacción, y no sabía qué debía decir. Nunca había mirado a Ryou de esa forma, y
aunque no parecía una mala chica, no le agradaba que fuera tan vergonzosa, ni
que hablara tan bajo y con tanta inseguridad. Además, después de todo, ella no
le había preguntado si él sentía lo mismo.
—Gracias —fue la mejor respuesta que
encontró, y se marchó del lugar. Fue a pasar su descanso al patio central,
sentado en el cantero, a la sombra del árbol.
—¿Qué haces, eh? —apareció sonriente
Sunohara, con un envase de jugo en la mano.
—Qué buen compañero eres, no tenías por qué
traerme un jugo —dijo Tomoya intentando adueñarse del desayuno de su amigo, que
sólo rió y se sentó también en el cantero.
—Puedes tomar si quieres, pero sólo un poco
—le invitó Youhei, y Tomoya aceptó el pequeño envase, y bebió un gran sorbo.
—Gracias —le respondió, y se lo devolvió.
—No hay de… ¡Oye, te lo terminaste! —se
quejó al recibirlo— ¡Era mi desayuno!
—Es un castigo por llegar tan tarde, te has
saltado una clase completa.
—¡No aceptaré que TÚ me digas eso!
—¡OKAZAKIIII! —surgió una tercera voz, y los reflejos
de Tomoya fueron lo suficientemente veloces para mirar al costado y tener
tiempo de agacharse y esquivar un libro de biología volador, que terminó
estrellándose contra el pómulo de Sunohara —¡¿Qué le has hecho a mi hermana?!
—No le hice nada.
—¡¿Por qué me golpeas a mí?! —protestó
furioso Youhei.
—¡Tú no te metas! —le gritó al herido, y
continuó con Okazaki— ¿Qué es eso de “gracias”, eh?
—Ah,
te refieres a eso.
—¡Por supuesto! ¡¿Por qué me dijiste ayer
que querías que ella te lo dijera si planeabas responder eso?!
—De este librazo sí que me vengaré,
Fujibayashi —advirtió Sunohara, pero fue totalmente ignorado.
—Yo no dije que quería que me lo dijera,
sino que era lo correcto en lugar de andar con una mensajera. Además, no
planeaba responder eso, fue lo que se me ocurrió en el momento. Ni siquiera
esperaba que me lo dijera.
—¡¿Lo que se te ocurrió en el momento?!
Pero entonces… ¿ella te gusta o no?
—¿De quién están hablando? —volvió a
intervenir Youhei, con los mismos nulos resultados —¿De Fujibayashi?
—No lo sé, fue todo demasiado repentino. De
última, ¿por qué tienes que venir a reprimirme por eso?
Kyou se había calmado de repente, y miró en silencio a
Tomoya. Soltó un suspiro de resignación, y se dio la vuelta para marcharse
meciendo su mano y diciendo:
—Ya está, nos vemos…
—¿Escuché bien? ¿La delegada de la case
está interesada en ti? —le preguntó su amigo a Tomoya, quien no se sentía muy
cómodo hablando del tema con él, más allá de su amistad— Vaya… Quien lo diría,
la delegada de la clase interesada en alguien como nosotros.
—A mí no me metas en tu misma bolsa.
—Vamos, ambos somos flojos e irresponsables.
En este instituto, hasta nos ven como delincuentes —le comentó Youhei casi
alardeando, apoyando su mano sobre su hombro. —Supongo que no desaprovecharás
la oportunidad.
—¿A qué te refieres?
—¿No te das cuenta? Si sales con ella, podrás llegar
tarde y saltarte las clases todas las veces que quieras, y ella seguro
inventará una buena escusa. Podría inventarlas para mí también.
—Eso es una tontería, pero si lo quieres
entonces sal tú con ella.
—Sabes que lo haría, Okazaki, pero soy tu
amigo, no puedo quitarte a tu posible novia —dejó bien en claro sus ideales
Sunohara, mientras se acomodaba su rubio flequillo con el pulgar.
—Vaya, se salvó de que la secuestraran…
—¿Qué quieres decir?
—Nada, olvídalo.
—Bueno, como sea, ¿sabes qué es lo mejor de
todo esto? Mira —dijo Youhei, y con una sonrisa bañada en victoria levantó el
libro que Kyou le había lanzado, en realidad, a Tomoya—. Cuando la cretina de
Fujibayashi quiera estudiar, no podrá hacerlo. Jamás le devolveré este libro…
—y terminó su discurso regocijándose en medio de algunas carcajadas que
pretendían estar llenas de hombría.
Como fuera, sin que Tomoya lo hubiera anticipado, Ryou Fujibayashi se instaló en su mente, y se volvió su pensamiento más frecuente durante los siguientes días, tan aburridos y rutinarios como lo habían sido toda su vida.
«Tal vez debería intentarlo… Aunque sea
para romper con la aburrida monotonía», pensaba…





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